Los libros que te dejan huella





    Alguien escribió que todos llevamos la impronta de unos cuantos libros que nos han marcado para siempre, huella que no depende de la calidad literaria o de la belleza de la impresión,porque si no todos llevaríamos la de Hamlet o la de El Quijote.

    A mí me marcó la infancia (y toda la vida) una colección de clásicos de aventuras que mis padres compraron, especialmente un título: Los Tres Mosqueteros. Éste y otros (como El prisionero de Zenda, Sherlock Holmes, El último mohicano, Poe y un largo etcétera) son de esos libros que una persona siente la necesidad de releer de vez en cuando. Necesidad, sí. Porque hay veces que llegas a tu habitación y tus ojos se posan sin querer en el lomo de un libro, y son tantos los recuerdos y las imágenes que tienes que abrirlo. Y al volver a leerlo recuerdas cómo eras antes o cómo querías ser, lo asquerosamente puñetera que es la vida y las ganas que tienes de vivirla; o simplemente te sumerges hipnóticamente en esa historia que, no por ya sabida, deja de ser fascinante e irrepetible cada vez.

    El que jamás haya disfrutado leyendo un libro no podrá entender esto, pero los que sí lo hayáis hecho me comprenderéis perfectamente. Y comprenderéis también por qué me gusta Pérez - Reverte y leo todos sus libros con voracidad. Simplemente porque disfruto como una niña, me emociono, río a carcajadas, entro en tensión y sonrío cómplice a los guiños de su autor. Lo descubrí una tarde, sola en casa, cuando empecé El Club Dumas. Hasta que no lo terminé, ya bien entrada la madrugada, no pude soltarlo. Con la boca seca y las manos temblorosas iba pasando las páginas, encontrándome con algunos de mis fantasmas y de mis recuerdos literarios (que son ya parte de mí), como Irene Adler o Richelieu. La sensación que tuve cuando al fin lo terminé es indescriptible, se unía la satisfacción por lo leído y la alegría por haber encontrado un compañero adicto a Dumas con el ansia y la necesidad de leer más. Creo que en aquel momento me habría batido contra Rochefort y Hentzau juntos... y a! ... demás creo que habría ganado.

    Por eso me río de los necios que infravaloran las obras que "no son literatura seria"(¿quién determina qué es literatura o qué es serio?).  Ellos se perderán al capitán Alatriste o a Jack Aubrey, con los que se lo habrían pasado pipa, sólo porque sus autores venden mucho y no tienen ni tendrán un Nobel.
 
 
 
 

A. Duplessis