Foro sobre Arturo Pérez-Reverte
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Salva escribió el día 06/02/2020 a las 07:37
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"Fantasmas sobre África: Los Mercenarios" (PUEBLO 4 de enero de 1975)












Muere Mad Mike, el loco comando de la IIGM que quiso aplastar al Che Guevara con sus mercenarios

El pasado domingo falleció, a los cien años, uno de los soldados de fortuna más controvertidos y populares de la historia: Mike Hoare.



Manuel P. Villatoro 05-02-2020

Con las tres cifras recién cumplidas. A la mágica edad de 100 años ha dejado nuestro mundo Thomas Michael Bernard Hoare. Mike para sus amigos y Mad Mike (el loco, que traduciríamos por estos lares), para los cientos de mercenarios que dirigió durante sus décadas como líder de una de las compañías de soldados de fortuna más famosas del siglo pasado. Aguerrido en sus acciones y brutal con sus enemigos, este británico nacido en la India supo utilizar las enseñanzas que le ofrecieron los comandos británicos de la Segunda Guerra Mundial (en la que participó) para combatir en regiones tan recónditas como la República Democrática del Congo o contra el mismo Ernesto Che Guevara.



Su leyenda, buena o mala (juzguen ustedes mismos), se ha apagado este mismo domingo cuando, tras sobrevivir a la cárcel por intentar dar un golpe de estado en las Seychelles, ha expirado su último aliento en Durban (Sudáfrica). Así lo han atestiguado varios medios anglosajones como el «The New York Times», desde donde se ha incidido en que su hijo, Chris, ha confirmado la noticia. Con él se marcha también uno de los últimos grandes aventureros de nuestra era. Un mercenario al estilo british, de los que -como diría Winston Churchill- son educados y pueden cortarte la garganta; pero también un hombre que cruzó África de norte a sur en motocicleta, buscó la legendaria ciudad perdida de Kalahari y siguió los pasos de los exploradores clásicos a través del Nilo.

Mike, el mismo hombre que puso en jaque a países enteros con sus «Wild Geese» («Patos salvajes»), pasó la última parte de su vida apartado de la sociedad. Casi como un anciano cualquiera... Uno muy longevo, eso si. De hecho, cuando le preguntaron durante su último cumpleaños (el pasado 17 marzo) cómo había logrado vivir cien años, se limitó a responder lo mismo que ya había salido por su boca en decenas de ocasiones. «La risa es la mejor medicina. Aunque, ya hablando en serio, diría que hay pocas cosas que dos aspirinas no puedan curar. Y, por supuesto, nunca vayas al médico... solo te va a encontrar cosas malas», afirmó frente a un pastel casi tan grande como su leyenda. Fue una de las últimas fotografías que se tomó el soldado al que el mito definió como «el más sanguinario del ejército británico».

Inicios y Segunda Guerra Mundial

Pero vayamos por partes. Thomas Michael Bernard Hoare vino al mundo el 17 de marzo de 1919 en la India británica. Su infancia no pudo estar más alejada de los campos de batalla, pues dirigió sus pasos hacia el mundo de las finanzas al cursar estudios como contable y censor de finanzas. A los 20 años, sin embargo, se unió al ejército inglés después de que Adolf Hitler invadiera Polonia en septiembre de 1939. En las fuerzas armadas se convirtió en un verdadero especialista en armas pequeñas y, más pronto que tarde, se graduó en la escuela de oficiales. Para entonces ya había pasado por el 2º Batallón de Fusileros de Londres, el 2º Regimiento de Reconocimiento e, incluso, por el Real Cuerpo Blindado.

Pero donde verdaderamente demostró sus dotes para el combate fue en una unidad de comandos británicos, los pioneros en las incursiones tras las líneas enemigas durante la Segunda Guerra Mundial. De ellos aprendió autonomía (característica básica para combatir sin apenas ayuda y en pequeño número) y la importancia que tiene la motivación entre los soldados. «Un voluntario vale por diez reclutas», afirmó después. Cuenta la leyenda popular (aunque algunos autores declaran que no es cierto) que luchó contra los japoneses en la región de Arakan (en Birmania) con los Grupos de Penetración de Largo Alcance (Chindits) anglo-indios, especialistas en combatir a golpe de guerrilla y ser una verdadera pesadilla para los contrarios. Su superior habría sido el popular brigadier Bernard Fergusson, años después el último gobernador militar de Nueva Zelanda.



En todo caso, su buen hacer en el ejército británico durante la Segunda Guerra Mundial caló hondo en su carácter. Hasta tal punto, que se convirtió en un experto en la guerra de guerrillas. «Si hay algo que Hoare no sepa en la lucha de comandos es porque ese algo no se ha inventado todavía», explicó uno de sus subordinados. Quizá por ello se sintió vacío cuando finalizó el conflicto. Huérfano de contiendas, emigró a Sudáfrica y se convirtió en guía de safaris. Había sido picado por la aventura y, en 1948, cruzó el continente en motocicleta para empaparse de las costumbres del país (desde el Ciudad del Cabo hasta El Cairo y desde Mombasa hasta Angola). A nivel persona, en 1945 y 1960 se casó dos veces. Primero con Elizabeth Stott (con quien tuvo tres hijos) y luego con una azafata llamada Phyllis Sims.

Rudo mercenario

Parece que aquella vida tranquila tras la Segunda Guerra Mundial no estaba hecha a la medida de Hoare y, en 1960, se dejó seducir por Moise Tshombe, líder de Katanga (una provincia que buscaba la independencia de la recién creada República Democrática del Congo -RDC-). El general le contrató para que entrenara una compañía de mercenarios. Permaneció durante poco tiempo en la zona, pero demostró su efectividad hasta tal punto que, en 1964, recibió de nuevo la llamada del político (entonces líder de la RDC -curiosidades de la vida-) para combatir contra los «Simbas», una tribu rebelde apoyada por asesores comunistas cubanos y chinos. Cuando arribó a la zona, el británico se topó con una situación desoladora: los sublevados se habían hecho con las principales ciudades.

Lejos de desesperar, envió a su segundo a las inmediaciones para contratar hombres a golpe de talonario. A pesar del escaso número inicial, Hoare dirigió incursiones exitosas contra los rebeldes en ciudades como Stanleyville, donde la contienda se había cobrado miles de vidas y se habían vivido episodios de verdadera brutalidad (entre ellos, la muerte del alcalde después de que le sacaran el hígado delante de sus ojos). En palabras de «The Times», durante estos combates «salvó también a cientos de personas de las matanzas indiscriminadas». Aunque algunos de los corresponsales que cubrieron el conflicto definieron a sus combatientes como «racistas sanguinarios que mataban con gusto»; indisciplinados que asesinaban a placer y que perpetraron todo tipo de crímenes de guerra.



Durante esa época, Mad Mike aprendió una dura lección: «El liderazgo de las tropas mercenarias exige una rudeza de carácter y la convicción de que eres invencible, y yo no las tenía. Tuve que asumirlas allí y entonces». Lo cierto es que, en comparación con otras unidades formadas por soldados de fortuna, el «Comando 5» de Hoare no cometió demasiados excesos. Al menos, según ha quedado reflejado en los medios de comunicación de la época. De hecho, siempre intentó evitar que sus hombres, conocidos como «Patos salvajes» en recuerdo a los mercenarios irlandeses del siglo XVII, cometieran tropelías bajo su mando aunque fuera a base de intimidación. En una ocasión, por ejemplo, disparó a uno de sus soldados en el dedo gordo por intentar violar a una joven.

En su favor (así como en el de sus hombres) habría que decir que vivieron las barbaridades cometidas por los rebeldes locales contra los europeos. En Bangala, por ejemplo, el «Comando 5» halló los cuerpos de 11 ingleses asesinados de forma brutal. Y entre ellos había niños pequeños. Tampoco faltaron mujeres indefensas, sacerdotes o civiles. Hoare supo utilizar estas atrocidades y la motivación de sus hombres en su favor. «Los mercenarios luchan contigo porque quieren. El motivo puede ser la gran cantidad de dinero que reciben, pero todos combaten. Que sean voluntarios implica que puedes entrenarlos y motivarlos a una velocidad tremenda», afirmó en una entrevista. Así dio forma, poco a poco, a una experta compañía de alemanes, italianos, griegos, belgas, rodesianos y sudafricanos que se caracterizaba, como él mismo, por su fuerte odio al comunismo.

Aquel sentimiento le hizo enfrentarse al también popular Ernesto Che Guevara, quien llegó en 1965 al Congo para combatir junto a sus compatriotas contra el régimen establecido. Lo cierto es que le sorprendió la efectividad de los hombres al mando del guerrillero cubano, como bien dejó claro en sus memorias: «Notamos un cambio en el tipo de resistencia que ofrecían los rebeldes. Esta coincidió con la llegada de un contingente de asesores cubanos entrenados de forma específica en el arte de la guerra de guerrillas». Posteriormente señaló que «el enemigo era muy diferente de todo lo que habíamos conocido hasta ese momento» debido a que «llevaban equipo y empleaban tácticas militares» que denotaban que estaban dirigidos por una mano experta. Al final no pudo cazar a su presa, que fue capturada dos años después por la CIA.

Por aquel entonces Hoare ya se había convertido en una verdadera sensación a nivel mediático. Decir que era habitual disfrutar de una foto suya en los medios es quedarse corto. El «coronel», como se hacía llamar, aparecía día si y noche también al frente de sus hombres con su característica boina negra, sus pantalones militares de color caqui y su corbatín al cuello. Y, como Montgomery hiciera con los alemanes, paso a paso obligó a retroceder a los rebeldes hasta su tierra natal con la ayuda de sus mercenarios. Unos soldados que recibían al mes, como si de oficinistas se tratasen, entre 364 y 1.100 dólares. Con el trabajo finalizado se trasladó hasta Sudáfrica, donde escribió sus memorias.



Siempre en los medios

A pesar de estar en el retiro, su fama fue tal que muchos países intentaron conseguir sus servicios. La de los setenta fue una buena década para el Loco Mike, pues los medios le incluyeron en una infinidad de conflictos en los que no participó. La mera mención de su nombre provocaba que la sociedad se agitara. Basta con leer la noticia que publicó el diario ABC en 1974, durante la guerra de independencia de Mozambique:

«Un ejército de mercenarios para luchar […] y declarar la independencia de Mozambique está siendo formado por el soldado de fortuna británico, coronel “Loco” Mike Hoare, según informó ayer el dominical londinense “The Observer”. El coronel Hoare mandó a los mercenarios blancos en la lucha del Congo en los años sesenta y, según la información del dominical, se encuentra actualmente en Malawi organizando un ejército negro con oficialidad blanca para luchar contra el movimiento “Frelimo” y declarar la independencia unilateral de Mozambique al estilo rhodesiano. El coronel cuenta con el apoyo financiero de Jorge Jardini, millonario portugués con grandes intereses en Mozambique».

Su participación parecía tan clara que el ABC dedicó varios artículos a la figura de Hoarce. Entre ellos, uno titulado «La era de los mercenarios no ha concluido en África». En el mismo analizaba el tipo de soldados que formaban parte de sus tropas: «Son soldados de fortuna hechos de una madera poco utilizada en el mundo. Los mercenarios pueden ser antiguos colonos europeos a los que las nacionalizaciones africanas han dejado sin sus tierras; o aventureros que solo encuentran justificación a su vida empuñando firmemente una moderna ametralladora; o simplemente desheredados buscafortunas a los que el riesgo de perder la vida en un combate no les frena en su afán de una paga mensual abundante en defensa de la causa que sea».

Última misión

Pero a Hoare todavía le quedaba una última aventura por protagonizar; una que no le iba a dejar buen sabor de boca e iba a empañar su reputación. En noviembre de 1981 se dispuso, al frente de un grupo de cuarenta mercenarios, a dar un golpe de Estado en la República de Seychelles contra el gobierno del presidente Albert René.

A sus 63 años, se trasladó en autobús desde Johanesburgo a Suazilandia, donde intentó secuestrar un avión de línea con destino al país. «El comando estaba integrado por 24 sudafricanos, 11 británicos y 6 originarios de Zimbabwe», explicaba el diario ABC. Consigo llevaban fusiles de asalto y armas automáticas escondidas en las maletas. El plan cayó en desgracia cuando los operarios se percataron de lo que sucedía.

El comando, al verse arrinconado, escapó hacia la torre de control del aeropuerto y tomó rehenes antes de secuestrar un avión que les devolvió a Durban. Allí se entregaron tras horas de negociación. Según explicó este diario en su momento, todos los miembros del grupo fueron condenados a cinco años de prisión en principio, aunque poco después fueron puestos en libertad. Tan solo Hoare y otros cuatro fueron acusados de secuestro. El Loco Mike fue condenado a una década en prisión, pero fue liberado poco después.

https://www.abc.es/historia/abci-segunda-guerra-mundial-muere-mike-loco-comando-iigm-quiso-aplastar-guevara-mercenarios-202002052327_noticia.html


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